VICISITUDES DE LA IMAGEN

 

 

La primera vicisitud de la imagen de Nuestra Señora de Villaviciosa ocurre cuando un pastor antequerano, en la primera mitad del siglo XVI, enamorado de la singular Señora y atraído por la encantadora tradición de Hernando, decide seguirle en sus pasos, cogiendo la imagen nuevamente de la ermita de la sierra cordobesa y trasladándola en su zurrón a su tierra de Antequera. Allí hizo entrega de la venerada imagen, sin darle cuenta de su hurto, al venerable padre y amigo suyo Fray Martín de las Cruces, el cual la colocó en el altar mayor de su convento y le dio el mismo nombre de Ntra. Sra. de los Remedios que poseía el convento. 

Reconocida la imagen, a los dos anos, por un caballero cordobés, se dio cuenta al Cabildo y al Obispo, y se determinó que se encargase la diligencia de restitución de la imagen a Córdoba por el Deán Don Juan Fernández de Córdoba. Después de vencer no pocas dificultades, la imagen regresó a Córdoba donde, en el Campo de la Verdad, la esperaba el Cabildo Eclesiástico para ofrecerle una gran fiesta con solemne misa de acción de gracias y trasladarla seguidamente a la Iglesia Catedral, en cuyo altar mayor fue colocada. 

Este suceso obligo a tomar mejores medidas de seguridad hacia la imagen, por parte del pueblo de Córdoba, de lo que fue fruto el levantamiento de un suntuoso templo, bien dotado, con amplias dependencias y extensas propiedades servido por dos capellanías. Los Cabildos de la ciudad se habían constituido ya patronos del mismo, quedando mutuamente obligados a proceder de acuerdo, siempre que tuviese lugar algún traslado de la sagrada imagen. La Hermandad de la Virgen, fundada años antes, recibe nueva savia y vigor al ser confirmadas sus nuevas constituciones por este tiempo, en 1528. 

 

Representación de Hernando y la justicia portuguesa

 

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