ORIGENES

 

 

La tradición nos habla del hallazgo de la Sagrada Imagen de Ntra. Sra. de Villaviciosa en el Alentejo portugués, concretamente en  Vila Viçosa. Cuéntase que unos trabajadores estaban dedicándose a replobar los hermosos viñedos de la zona, descubrieron una caja de plomo, de cortas dimensiones, enterrada desde remota época. Tras a la apertura de la citada caja, todos pudieron contemplar en su interior una bella imagen de la Virgen. Comenzaron a darle culto solemnemente primero en la iglesia del pueblo y después en un pequeño santuario que en su honor edificaron en el mismo viñedo donde apareciera.

 

Su fama se extendió a todas partes y la sencilla y celebre ermita portuguesa, fue visitada por gente de muy diversas clases. Transcurridos los años, el mismo pueblo que de manera elocuente demostró su acendrado amor a la Reina del cielo, fue poco a poco abandonando la ermita hasta el punto de extinguir prácticamente el culto a la Stma. Virgen aparecida.

 

 

Santuario de la Concepción (Patrona de Portugal)

Vila Vicosa . Portugal.

Lugar de origen de la advocación de Villaviciosa

Visitado por Juan Pablo II en 1982

 

Por su asiduidad y fervor, un pobre vaquero castellano llamado Hernando, llevado por el intenso afecto que sentía, tomó la imagen y, metiéndola con el mayor respeto en el interior de su zurrón, emprendió el camino de Córdoba. Tras detenerse en la sierra cordobesa llamada de las Gamonosas en la amplia concavidad del tronco de un frondoso alcornoque encontró el nuevo lugar de culto para la imagen.

 

Este fue el primer altar y el más antiguo retablo que la imagen de la Virgen de Villaviciosa ha tenido en Córdoba. En este lugar, con el paso del tiempo, se construyó un hermoso santuario en su honor y un laborioso pueblo, levantado en su proximidad, fruto de las gentes y aldeas enteras que alrededor de la Virgen trasladaron su hogar. Este pueblo fundado, por tanto, asumió el mismo nombre de su Madre y Señora quien traduciendo el topónimo portugués al castellano se denominó Ntra. Sra. de Villaviciosa.

 

Cuenta la leyenda que un numeroso cortejo de caballeros portugueses lograron encontrar el paradero del vaquero y lo que codiciosamente buscaban: la desaparecida imagen de la Virgen. A pesar de no hacer resistencia, lo apresaron con grandes precauciones y emprendieron el viaje de regreso. Hernando fue encarcelado y procesado siendo condenado a pena de muerte en la horca. Hernando imploró siempre a la Virgen bendita de Villaviciosa y llegada la mañana de la ejecución, el calabozo estaba desierto. Hernando, milagrosamente había sido liberado de la cárcel y la milagrosa imagen restituida al alcornoque de la sierra cordobesa.

 

Los portugueses, recorrieron de nuevo el camino y, llegando a las Gamonosas, descubrieron a Hernando, que delante de la Virgen entonaba sus cantos pastoriles, burlando a la justicia portuguesa. Maniatado, tomaron camino de regreso hacia Portugal, con la imagen bendita. Tras varios días caminando sin por las ya conocidas sendas, comprobaron que, después de tan largo recorrido estaban en el mismo lugar de partida.

 

Tomando por milagro lo sucedido determinaron, que la sagrada imagen de la Virgen de Villaviciosa no quería abandonar aquel altar de la sierra cordobesa. Disculpándose una y mil veces del apenado vaquero, entregáronle sus armas, caballos, alhajas, etc., para que con el producto de su venta comenzase a labrar un pequeño templo. Tan grande fue la expansión de la devoción a la citada imagen que la ciudad de Córdoba tomó por suya la causa, prendiendo la gran llama de la devoción a la Virgen de Villaviciosa.

 

 

 

 

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